Chaves

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"Andar y contar es mi oficio"

domingo, 8 de febrero de 2015

Cuéntame un cuento (con moraleja)



Iguales (Lorena Monfort. 2ºF)


Hace mucho tiempo, en un país dónde todos eran iguales, vestían igual, hablaban de la misma manera y en el mismo tono siempre, todas sus casas era idénticas, todos tenían los mismos gustos y aficiones, vivía una chica a la que no le gustaban todas esas cosas. Esa chica era diferente, no quería ser igual que el resto, pero por miedo a que la rechazaran y no aceptaran su manera de ser hacía las mismas cosas que los demás.

Un día cansada de no poder ser ella misma, decidió dar un giro de 180º a su vida. A partir de ese momento vistió a su manera, se comportó como realmente era, dedicó su tiempo a realizar las cosas que le gustaban,... Empezó a ser ella misma.
Al principio la miraban y se burlaban de ella, pero poco a poco más gente hizo lo mismo, comenzaron a hacer lo que realmente querían.

A pesar de que han pasado los años, hay personas que prefieren ser iguales que los demás y no ser ellas mismas.

Moraleja: Sé tú mismo y no te dejes embaucar por el resto, porque todos somos diferentes y únicos.


Elena López (2ºF)

Estaba un niño en su pueblo, cuando de repente comenzó a gritar: "¡Que viene el monstruo! ¡Ayudadme!". Todo el pueblo fue inmediatamente a buscarle para ayudarle, aunque al rato se dieron cuenta de que era todo una vil mentira y se marcharon indignados. Así, una tras otra vez y la gente seguía creyéndolo. Hasta que un día, el chico volvió a gritar lo mismo que las ultimas veces, aunque esta vez fue real. Esta vez nadie le creyó, y el niño desapareció para siempre.

MORALEJA: Mientes y mientes, perdiendo la confianza que te tienen los demás. Cuando digas la verdad, no te creerán.

Juan y la manzana de oro (Javier Cavero. 2ºB)

Había una vez un joven llamado Juan que provenía de familia pobre. Un día su madre le contó que el rey les quitaría sus pertenencias en una semana si no pagaban los 10.000 dracmas que le debían. Al día siguiente, mientras andaba pensando en el problema, Juan, se topó con una anciana señora que le contó que en unas islas llamadas Hespérides había un gran árbol con manzanas de oro, custodiado por un dragón de cien cabezas que nunca dormía y que su nombre era Ladón. Para vencerlo debería dormirlo mediante la música. Para ello la anciana le entregó un arpa que nunca paraba de sonar. Además las manzanas que consiguiera debía entregárselas a ella, quien le daría un deseo por manzana. Para lo que necesitaba Juan sólo tendría que coger una manzana.
Cuando llegó a la isla, Juan empezó a tocar el arpa, mientras rezaba que funcionase, ya que le daba mucho miedo. Al dejar el arpa en el suelo esta siguió tocando y Ladón se durmió. Entonces Juan, saltó y cogió la manzana del árbol, regresó a donde estaba el arpa, la cogió y se fue. Una vez que llegó a su casa tan sólo faltaban dos horas para que le quitasen la casa a su familia con todo lo demás. Entonces volvió a aparecer la señora y le dijo que le entregase la manzana. Juan se la entregó y ella se transformó en Atenea que devolvió la manzana al árbol y le preguntó qué era lo que deseaba. Juan le contestó que deseaba que su familia no fuera nunca más pobre para poder pagar todos los impuestos que hubieran tenido y que pudieran tener en adelante. Atenea se lo concedió y la familia de Juan nunca más fue pobre.

MORALEJA: Amabilidad con bien se paga.


Confianza (Celestino García. 2ºF)
Había una vez una familia, que vivía en un pueblecito del norte de Oslo(Noruega), formada por un matrimonio y dos hijos pequeños de edades 10 y 7 años. El hijo mayor se llamaba Pedro, era un niño inteligente y muy cariñoso con los animales, pero muy poco decidido. Un día, sus padres le preguntaron qué deporte le gustaría practicar, ya que era un niño que le gustaban todos los deportes, pero por su amor a los animales lo que más le gustaba era la equitación. Pero como era un niño tan indeciso pensaba que ese deporte no le iba a ir bien, sus padres terminaron convenciéndole. Empezaron las clases y el profesor de equitación tenía buenas esperanzas en Pedro en el mundo de los caballos. En las clases, el profesor siempre preguntaba o quién se atrevía a realizar alguna carrera o algún salto con su caballo, pero Pedro nunca se ofrecía voluntario era muy tímido, y el profesor se había dado cuenta de ello, empezó a pensar cómo podría ayudarle. Habló con sus padres y entre todos llegaron a la conclusión de que lo mejor para que Pedro fuese más decidido sería comprarle un caballo. Sería una gran sorpresa y una manera de practicar. Cuando los padres de Pedro le entregaron el caballo, el niño no sabía como expresar tanta alegría, se monto en él y corrieron por los campos verdes que rodeaban la casa donde vivía.
Pronto, aquel animal, al que llamo Rufo y Pedro se hicieron inseparables. Rufo era blanco con la crin y la cola cola color ceniza, ayudó a Pedro a empezar a confiar en si mismo. Todos los días practicaban carreras y saltos, y por fin Pedro había encontrado lo que le gustaria ser.
Una tarde, el profesor le dijo que le había apuntado a un torneo que había apuntado a un torneo que habría próximamente de saltos de caballos, donde podría competir con su caballo Rufo. Pedro se quedó sin palabras y terminó diciendo que no podía ser, que no había practicado lo suficiente, que no había participado en ninguna competición antes, estaba muerto de miedo. El profesor le dijo que dejara de poner excusas y que se pusiesen manos a la obra.
Entrenaban todos los días, y cuando a Pedro le fallaban las fuerzas y creía que las cosas no iban a salir bien, entonces Rufo se lo ponía fácil, se acercaba a él para recibir sus caricias y se inclinaba para que el niño subiera encima de él. Corrían y corrían por los campos, Rufo hacía que Pedro estuviese más seguro de él, y llegar a pensar por primera vez que podía ganar. Llegó el día del campeonato y todos estaban muy nerviosos, sobre todo Pedro, pero sentía por dentro que mientras estuviese con Rufo todo sería posible, que las cosas le iban a salir muy bien, tanto se empeño en sus pensamientos que aquel día Pedro consiguió su sueño, ganó la competición, se sintió feliz y contento con todos los que lo rodeaban. Empezó a ver que si confiaba en él podría conseguir todo lo que se propusiese.

MORALEJA: Creer es poder.


Los deberes (Víctor Bernal. 2ºF)

Era el primer día de clase. Carlos se levantó a las siete. Venía de vacaciones, así que le iba a costar un poco volver a la rutina diaria. Como todas las mañanas, se fue al baño y se lavó la cara y, aún con los ojos casi cerrados, se dirigió a la cocina.
Allí se preparó un tazón de leche con sus cereales preferidos, los de chocolate, que a esa temprana hora le sabían deliciosos. Más tarde, como cada día, él se vestía; usaba chandal, ya que para él y sus amigos era lo más cómodo- entre los chicos del barrio eran conocidos como- " los hombres del chandal".
Más tarde cogió su maleta y las llaves y se fue al instituto, su instituto era como un centro de menores, que se asemejaba a una triste prisión.
Cuando entró a la clase, reconoció a sus amigos, aunque a algunos les había cambiado la voz, dejándose notar ciertas ronqueras en sus voces.
De pronto, irrumpió en el aula su nuevo tutor, Juan Antonio, en el Centro se le conocía como Dar Waider y se dedicaba a leer comics de ciencia ficción.
A Carlos le pareció que en el fondo era una buena persona.
Las clases se sucedían anecdóticamente:
la de Inglés, dormida, la de Música dedicada por el profesor a oír música y algunas aburridas canciones; la de Mates, enseñando a Alberto las tablas de multiplicar; y la de Sociales ocupado en localizar en el mapa capitales.
A ultima hora, entró el de Lengua. Se llamaba Lorenzo y era muy exigente. Para el día siguiente mandó diez ejercicios y todos pensaron, que era una locura. Nadie se atrevía a decírselo. Carlos no quiso hacerlos, pensó que ya los haría otro día. Estuvo toda la tarde jugando y escuchando música.
Al día siguiente, después de un día aburrido, abrió el cuaderno con los con los diez ejercicios, pero eran larguísimos y sabía que no los iba a poder hacer. Un día después llegó como siempre el profesor de Lengua puntualmente y pidió los deberes. Carlos no los tenía hechos y el profesor le preguntó por qué. Él le respondió sinceramente.
El profesor reconoció que eran muchos deberes, pero que debería haberlo intentado, y le dijo:
" no dejes para mañana lo que puedas hacer hoy ".  
 Carlos, en ese momento, se sintió muy avergonzado y se propuso a si mismo que no le volvería a suceder algo así nunca más.
Desde entonces, se dio cuenta de que estudiar y trabajar era algo imprescindible para aprender muchas cosas...
Unos años después, Carlos trabajaba en una oficina del barrio y era una persona muy querida por su comunidad.

MORALEJA: No dejes para mañana lo que puedas hacer hoy.


El caracol psicópata (Sergio Redondo)

Había una vez dos compañeros de clase llamados Raúl y Carlos eran muy amigos y un día en su clase entregaron un papel para una excursión a un bosque, a las afueras de la ciudad. Ellos estaban muy entusiasmados y como no, se pusieron juntos en el autobús. Al llegar al bosque Raúl y Carlos se despistaron del grupo gracias a un caracol que les parecía muy interesante. Lo siguieron hasta que cuando se dieron cuenta ya estaban perdidos, Raúl empezó a llorar y Carlos le intentaba consolar. De pronto el caracol les empezó a hablar, los dos amigos se quedaron boquiabiertos, nunca habían visto hablar a un caracol. El caracol les dijo que sabía el camino para llegar al grupo, los niños le siguieron, pero lo que no sabían es que el caracol los llevaba a una cueva donde los mataría. Al entrar los niños se miraron con cara de preocupación. ¡El caracol les había tendido una trampa! Cuando se dieron cuenta estaban atados a la pared donde el caracol les inyectó un veneno que acabó matándolos. Al final el caracol tuvo un gran banquete.

MORALEJA: Nunca te fíes de un caracol


El secreto (Nera Navarro. 2ºB)

Una mañana cualquiera, como siempre, me fui hacía el instituto, cuando de repente me encontré a mi amiga que en cuanto me vio se me acercó corriendo y me dio un abrazo muy fuerte. La noté nerviosa y ella me afirmó que lo estaba. Decía que no sabía por qué, pero que presentía que algo le iba a pasar. Llegaron las demás y la mirábamos raro, pero ella seguía insistiendo en que era verdad. Dejamos el tema y tocó el timbre para irnos a clase.


Luego, salimos al recreo, y estuvimos con los de siempre con total normalidad.
De repente, Ángela se puso a llorar y las demás nos alteramos un poco al verla así. No parábamos de preguntarle qué era lo que le pasaba, pero ella seguía llorando desconsoladamente sin querer decirnos nada.
Cuando se calmó un poco, sin venir a cuento, la otra chica que la estaba abrazando, dijo que nos tenía que contar algo importante que no sabíamos. Nos dijo que le gustaba aquel chico que tanto la miraba. 
Ángela, al oírla se puso a llorar más. Otra vez todas empezamos a preguntarle pero no podía ni contestar de todo lo que estaba llorando.
Las demás nos miramos y entendimos por qué estaba así. Le preguntamos y por fin cuando pudo contestar nos dijo que era así.
Estaba tan mal porque todavía no podía llegar a creerse que le gustaba el mismo chico que a una de sus mejores amigas, y sabía que eso iba a influir en su amistad.
Cuando Noelia se dio cuenta que Ángela estaba tan mal por su culpa, la abrazó y fueron a hablar a solas.


Las demás mirábamos interesadas pero no conseguimos enterarnos de nada, y cuando volvieron nos sonrieron y Ángela estaba mucho más tranquila.


Volvió a sonar el timbre para subir del recreo, y todas nos preguntábamos qué habría pasado. Estaban algo picadas, aunque no lo aparentaban. Cada vez que pasaba aquel chico por el lado de alguna, se miraban con bastante desprecio y se criticaban a las espaldas.
Por mucho que hubieran hablado siguieron así durante algunos días.


La demás nos planteamos de hablar con ellas, porque no queríamos que influyera en el grupo esa tontería. Primero, hablamos por separado, algunas con Ángela y otras con Noelia, y luego las dejamos a ellas solas.
Mientras que ellas hablaban, nos estuvimos contando lo que nos habían dicho antes. Nos alegramos muchísimo, porque coincidieron en que no querían pelearse ni que se separara el grupo y mucho menos por culpa de ellas.

Terminaron de hablar y no hizo falta preguntar nada, gracias a su sonrisa entendimos que ese problema no iba a influir en su amistad, y acordaron no cambiar absolutamente nada, porque no merecía la pena perder una gran amistad por culpa de un chico que seguramente no se había fijado en ninguna. 

MORALEJA: La amistad es lo primero.


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