Chaves

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"Andar y contar es mi oficio"

lunes, 16 de febrero de 2015

Cuéntame un cuento (Francisco Javier Cavero. 2ºB)

EL TESORO DE LOS CABALLEROS TEMPLARIOS

Hace menos de dos meses un niño llamado Lucas volvía a su casa después de un día de clase. Había sido desastroso. Primero había tenido un examen que no le había salido bien ya que no había estudiado, luego le habían repartido el examen de inglés que había suspendido con un 4’95. Lucas pensaba que la profesora le tenía manía. Luego en la salida había lanzado una piedra de lo enfadado que iba, la piedra rompió el cristal de un coche. Se puso a sonar una alarma y salió corriendo. Al día siguiente tenía una aburridísima excursión de Ciencias Sociales al Castillo de Hugo de Payns, que fue el fundador de la Orden de los Caballeros Templarios. - Por lo menos perderé un día de clase - , pensó Lucas.

*****

A la hora de ir a la excursión fue a la cocina y vio lo que le había dejado su madre: un bocata de jamón y agua. Él cogió un Monster y unos Doritos. Luego se llevó cinco euros (por si acaso) y su Iphone 6 nuevo. Después de las notas su madre le había prohibido llevárselo pero él hizo caso omiso a la advertencia de la madre y lo cogió.

Ya en el autobús se sentó junto a su amigo Miguel. Los dos estaban hablando sobre lo horrible que iba a ser la excursión. Después de tres cuartos de hora de viaje en autobús llegó ante un castillo antiguo. Miguel le comentó que era peor de lo que pensaba. Lucas le dio la razón. Dentro la temperatura disminuyó, por lo menos, cinco grados centígrados y estaba oscuro. Había pocas ventanas y la mayoría eran saeteras. El vestíbulo era amplio. Después de deambular por espacio de dos horas por corredores y pasillos Lucas estaba muy cansado y decidió parar un momento. Cuando se dio cuenta estaba solo. Se fijó en que había una ventana y observó, a través de ella, a su clase en el patio de armas. Él se encontraba en la Torre del Homenaje, donde había un tapiz que era diferente al resto de tapices de la sala. Este tapiz tenía un pequeño símbolo en el que aparecía dos caballeros montados en el mismo caballo. Tocó el símbolo y percibió que era de otro material, piedra. No le dio importancia sólo se hizo un selfie para enseñarle a Miguel donde había estado. Salió corriendo pues vio como la clase empezaba a ir hacia el autobús. En un punto de la carrera se cayó, porque había un tablón levantado. Cuando lo iba a colocar vio un brillo plateado, era un anillo, lo cogió y acabó de poner el tablón. Después salió corriendo. Llegó justo antes de que subieran al autobús los cinco últimos alumnos, así la profesora no se dio cuenta de su ausencia. Le contó lo que le había pasado a Miguel y decidieron que al día siguiente, que era sábado, irían a la casa de Lucas a ver el anillo, porque si lo sacaba allí y la profesora lo descubría podría arrebatárselo para devolverlo.


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Lucas estaba esperando a que Miguel llegase a su casa. Cuando llegó, los dos se encontraban muy excitados porque deseaban observar el anillo. Lucas lo sacó de debajo de su almohada, con mucho cuidado comenzó a observar los detalles del anillo. Era de plata y tenía el mismo símbolo que había en el tapiz. Lucas fue a su habitación sacó su MacBook Pro y buscó el símbolo y así logró averiguar su significado: era el símbolo de la Orden de los Caballeros Templarios. Busco algo más y logró averiguar que según muchas leyendas en el Castillo de Hugo de Payns se ocultaba un tesoro de valor incalculable, que sólo una persona humilde podría llegar a abrirlo.

Lucas y Miguel ataron cabos y descubrieron que el anillo era una llave. Los dos exclamaron al mismo tiempo - una persona humilde no, el que tenga el anillo -. Quedaron en ir al día siguiente al Castillo para poder desentrañar el misterio de Hugo de Payns.

*****

Esa mañana Lucas estaba muy nervioso. Cuando acabó de desayunar salió pitando para la parada de autobús. Allí se encontró con Miguel que estaba igual de impaciente que él. Cogieron el autobús. Cuando llegaron pagaron la entrada al guarda. El problema vino cuando no se acordaba en que parte de la Torre del Homenaje se encontraba el tapiz. Por suerte recordó que se había hecho un selfie y lo comparó con la planta en la que se encontraba. Debía de ser la de abajo, pues se veía a sus compañeros a la misma altura que él. Bajaron de la primera planta a la planta baja. Allí estaba. Al fondo de la sala se encontraba el símbolo de la Orden. También había una inscripción que no había leído, decía “Para abrir la cámara una vez a la derecha, otra a la izquierda”. Se aseguraron de que no había nadie en esa planta antes de sacar el anillo del bolsillo de Lucas. Cuando Lucas lo iba a meter, estaba tan nervioso que temblaba un montón, tanto que hasta su amigo le dijo - pareces que tengas parkinson - . Pero al final lo metió y le dio una vuelta en el sentido de las agujas del reloj: el tapiz se abrió dejando paso a una estrecha, empinada y húmeda escalera que no parecía llegar a ninguna parte, salvo quizás al infierno. Nada más pasar, el tapiz corredizo se cerró con un sonoro - ¡CLANC! -. Tanto Lucas como Miguel pegaron un bote.


Ahora se encontraban a oscuras. Lo más rápido que pudo Lucas tanteó en los bolsillos de sus pantalones buscando el Iphone 6. Cuando lo logró sacar buscó la app de linterna y la activó. Un haz de luz salió de la parte de atrás del Iphone 6. Ahora, con luz, bajaron la escalera y a medida que bajaban hacía más frío. Cuando llegaron al final de la escalera le parecían que habían pasado horas y se encontraron en una habitación de no más de 2 metros de altura y 3 de longitud. Al fondo se encontraba otro símbolo igual que el anterior. Lucas volvió a introducir el anillo en el símbolo, aunque esta vez tuvo que girar el anillo en el sentido contrario al de las agujas del reloj. La pared se abrió. Entraron por el hueco, después se volvió a cerrar con otro golpe, sólo que esta vez no se asustaron porque ya estaban preparados.

Esa sala era muy amplia. La sala estaba dividida en dos por un barranco de unos tres metros. A Lucas y a Miguel se les quedó una cara que representaba toda la impotencia que sentían porque no tenían ni idea de como lograr pasar el obstáculo que se les presentaba. Estuvieron así como una media hora antes de darse por vencidos. Mientras buscaban el símbolo para abrir la puerta hicieron una foto a la sala. Cuando llegaron a la cancela del Castillo el guarda estaba cerrando. Salieron de forma rápida porque el guardia los estaba echando como si de perros se tratara. Cuando llegaron a la parada de autobús el vehículo acababa de cerrar las puertas. Entonces comenzaron a aporrear las puertas y el conductor las abrió. Entraron y meditaron sobre todo lo que les había pasado. Cuando Lucas llegó a su casa eran las 23:00, así que cenó y se fue a la cama para descansar, ya que al día siguiente tenía que ir al instituto.


*****

Al día siguiente, en el recreo del instituto Miguel y Lucas estuvieron intentando averiguar como pasar esa sala. Se pasaron todos los recreos de esa semana de la misma forma hasta que en el recreo del viernes Victoria, una niña muy inteligente, fue a ver por qué estaban tan ensimismados en sus pensamientos y se quedaban tanto rato en el recreo meditando los dos juntos. Ellos no sabían si contárselo o no porque eso la haría partícipe de su secreto pero, como se suele decir, “toda ayuda es poca”, así que se lo contaron. Al principio ella los tomó por locos, pero le enseñaron la foto y el anillo y les creyó, aunque le costó un buen rato. Victoria observó la imagen más detenidamente y logró descubrir una especie de saliente en el que, perfectamente, podrían enganchar una cuerda para lograr pasar. Así que quedaron los tres en la parada de autobús para que al día siguiente pudiesen resolver el gran secreto que escondían los muros del Castillo de Hugo de Payns.

*****

  - Otra vez - pensó Lucas cuando se despertó a la mañana siguiente. Iban a volver a intentar encontrar el tesoro de Hugo de Payns y de la Orden de los Caballeros Templarios.

En el autobús fueron explicándole a Victoria las salas en las que habían estado el domingo de la semana pasada. Cuando llegaron el guarda los miró con cara de “otra vez vosotros”, pero como pagaron la entrada no les dijo nada, tan solo que no volviesen a salir tarde o si no …, y en vez de terminar la frase les gruñó. Ya en el patio de armas se dirigieron hacia la Torre del Homenaje, donde volvieron a abrir el tapiz corredizo. Después de entrar el tapiz se cerró con otro golpe. Lucas y Miguel estaban advertidos y no se sorprendieron, en cambio, Victoria, esta era su primera vez por lo que sí pegó un bote y por poco resbaló por las escaleras. Por suerte, ahí se encontraban Lucas y Miguel preparados para la reacción de Victoria, por lo que la agarraron antes de que fuese demasiado tarde. Cuando llegaron a la primera sala, Victoria dijo que se la imaginaba más grande, en cambio, la siguiente sala sí que le pareció grande. Una vez en que llegaron a esa sala, Victoria sacó la cuerda y la lanzó hacia el saliente en donde querían engancharla, pero falló. Entonces probó Miguel, casi la enganchó pero también falló. Por último fue Lucas el que probó suerte y, ¡eureka!, lo logró. Lucas se ofreció a ser el primero a cruzar el barranco y, con una pizca de valor, se lanzó gritando - ¡Sandokaiiiiiiii! -. Cuando llegó al otro lado, les lanzó la cuerda a sus amigos. Miguel hizo lo mismo que Lucas, cruzando también con éxito el barranco. En cambio, Victoria se lanzó con más inseguridad que sus compañeros, aunque logró cruzarlo al igual que ellos. Cuando los tres lograron pasar al otro lado de la sala, comenzaron a buscar el símbolo para entrar en la sala siguiente. Cuando lo encontraron, Lucas giró el símbolo, con ayuda del anillo, en el sentido de las agujas del reloj.

En la nueva sala, no había nada, sólo estaba el símbolo al final de ella. Victoria le pidió a Lucas que esa vez la dejara a ella introducir el anillo y girarlo y Lucas aceptó su petición. Victoria, que no recordaba que Lucas había girado el anillo hacia la derecha en la sala anterior, imitó el movimiento de su amigo girándolo en el sentido de las agujas del reloj, en vez de hacerlo hacia la izquierda como tocaba. En ese momento comenzó a salir un torrente de agua del símbolo. Ninguno de los tres sabía cómo detenerlo. Cuando el agua les estaba empezando a pasar de la barbilla, Lucas hizo un último acopio de fuerzas y logró, como pudo, girar el anillo en el sentido correcto. Se escuchó un - ¡Crack! - y el nivel del agua comenzó a disminuir poco a poco. Cuando la sala quedó completamente vacía la pared se abrió mostrando, por fin, el ansiado tesoro. Eran montañas y montañas de monedas de oro. Al final de la sala había un túnel de salida, lo siguieron y salieron al exterior. Una vez fuera, llamaron a las autoridades para comunicarles su descubrimiento. Cuando llegó la policía y vio que los que habían realizado la llamada eran tres chicos muertos de frío y empapados no les creyeron mucho, pero cuando les enseñaron el tesoro, ya os podéis imaginar la que se armó.


Una semana más tarde todo el mundo era conocedor de Lucas, Miguel y Victoria, los tres niños que habían demostrado la audacia y valentía necesarias para desentrañar el misterio del Castillo de Hugo de Payns. La ciudad les dio una medalla y el tesoro fue expuesto en el Museo Arqueológico Nacional en Madrid, donde aparecía una plaquita con los nombres de estos tres niños para que fuesen recordados por toda la eternidad como tres valientes héroes.

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