Chaves

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"Andar y contar es mi oficio"

domingo, 15 de febrero de 2015

Cuéntame un cuento (María Madroñal)

Además de haber trabajado los cuentos con moraleja, dejamos que los alumnos pudieran expresarse con libertad, dando rienda suelta a toda su creatividad. Eso nos deparó sorpresas como en el caso de este precioso relato obra de María Madroñal, de 2ºB:


EL SECRETO DEL BOSQUE


Había una vez una niña llamada Marta. Ella era muy inquieta y curiosa. Un día, al salir del instituto se entretuvo con sus amigas mirando a una pobre anciana en el banco del parque.  

 La mujer tenía una gran bolsa en la que se notaba que había algo extraño, y les llamaba la atención. Las niñas se acercaron a ella. 



       - Perdone, ¿le ocurre algo? -dijo con miedo Marta- ¿Le podemos ayudar? 
 - No, gracias. -respondió la anciana.- 
 - Pero, parece usted cansada y triste. -repusieron las niñas.- 
 - La verdad es que sí, pero creo que vosotras no podríais ayudarme. No sois lo      suficientemente fuertes para enfrentaros al Hombre del Bosque. 
 - ¡¿El Hombre del Bosque?! -gritaron las niñas a coro.- 
 - ¡Callaros!. Podrían enterarse los Guardias Verdes. Están por todas partes, pero no hay muchas personas en el mundo que los puedan ver. Solo son visibles para personas especiales que amen de verdad la naturaleza. 

Aunque no lo pareciera a Marta le gustaba ir los domingos con su padre al campo a recoger la basura que la gente tiraba al suelo, y también le gustaba cuidar de los animales necesitados. Las niñas convencidas de que la mujer tenía razón, se despidieron de ella y se marcharon a casa. Cuando Marta llegó, fue a su cuarto y vió una sombra negra que se dirigía hacia el salón. No le hecho mucha cuenta, ya que creía que podría haber sido un efecto visual. Se dirigió al salón para almorzar, donde le esperaba su madre.
Marta estaba sentada en una silla durante la comida cuando vió a un pequeño hombrecillo verde. Nada más verlo, pensó lo que podría ser un Guardia Verde y cuando terminó se dirigió hacia el parque, donde habían visto a aquella anciana. Por suerte la mujer seguía allí, y Marta comenzó a describir el lo que había visto.

      - Tal como me lo has descrito estoy segura de que es uno de los Guardianes Verdes. -dijo seriamente la anciana mientras abría con trabajo la bolsa misteriosa- Se habrá enterado que sabes sobre su existencia y que eres capaz de verlos. 
La anciana sacó de la bolsa a un pequeño guardián del bosque inconsciente.
      - Sí, es exactamente igual al que yo ví.
      - Seguramente irán a por ti para llevarte con ellos a El Bosque Encantado. -dijo la anciana convencida-
      - ¡Eso es horrible!. Yo no quiero ir a ningún lado. Pero como puedo verlos podría ayudarte.
      - Eso sería maravilloso, porque como ya se que puedes verlos, no tengo ninguna duda que serás capaz de conseguirlo.
Bueno ahora te diré lo que me pasa. Yo soy Selina, la Mujer de la Naturaleza. El otro día mientras alimentaba a los animales más pequeños del bosque , vi como una inmensa sombra secaba toda la vegetación. Inmediatamente, sin pensarlo, fui tras ella, pero solo era una estratagema para encerrarme en los calabozos del Bosque Encantado. Engañé al amo de llaves, y lo dormí con un somnífero.  Lo metí en esta bolsa y salí corriendo hacia el mundo de los humanos para encontrar a la elegida, y creo que esa eres tú. Necesito tu ayuda para poder acabar con el Hombre del Bosque. Para ello debes seguirme hasta el Bosque Encantado.

Marta convencida la siguió. Al llegar se encontró todo oscuro y sucio. Allí estaba él en su castillo. Juntas idearon un plan para atraparlo. Ya decidido, pusieron el plan en marcha.
Al día siguiente nada más amanecer fueron al castillo. El hombre estaba otra vez allí, rodeado de los Guardianes Verdes.
 Marta empezó a chillar para que los Guardianes Verdes se distrajeran, y mientras Selina se encargaba del Hombre del Bosque. Marta comenzó a correr para que no la atraparan. De pronto vio la fuente que le había dicho Selina. La niña  se zambulló en el agua y desapareció. Aquella fuente era un portal hacia el refugio de Selina en el Bosque Encantado. Los Guardias Verdes al ver como desaparecía en la fuente, intentaron imitarla, pero en vez de desaparecer, se empaparon del agua sucia. A su vez, Selina se encontraba en el castillo del Hombre del Bosque, junto a su trono sin que este se diera cuenta.
Selina no sabía como comenzar, ya que no quería parecer muy dura con él, porque sabía que en el fondo era una buena persona. Selina y el Hombre del Bosque habían sido muy buenos amigos, y no quería que si volviera a ser él mismo, le tuviera rencor por ser tan dura con él en aquel momento. Selina decidió comenzar con delicadeza, pero debía de hacerlo rápido, porque los Guardianes no tardarían en salir de la profunda fuente.


      - Hola, ¿te acuerdas de mi?  -comenzó Selina con la voz temblorosa-. 

 - Como para no acordarme. Tú me abandonaste y me convertiste en esto 
 - Yo no te abandoné, fuiste tú el que decidió quedarse en el Bosque Encantado.


El Hombre del Bosque se quedó callado y pensativo, pues no sabía qué decir porque comenzaba a darse cuenta que Selina tenía razón. 
Hace mucho tiempo, cuando eran amigos, estaban en el bosque cuando de repente el Dios de la Oscuridad se presentó ante ellos. Selina sabía de sobra que lo mejor era no dirigirle la palabra ni hacerle caso, porque si no, te tentaría a hacer cosas indebidas. Pero el Hombre del Bosque, creyó que él era lo suficientemente fuerte como para no hacerle caso a aquel malvado Dios. Para demostrarle a Selina que con él no podía nadie, siguió al Dios hasta el Bosque Encantado, que era donde vivía. El Dios de la oscuridad comenzó a darle órdenes para acabar con la Naturaleza a cambio de grandes recompensas. El hombre necesitaba aquella recompensa y decidió hacerle caso. Este se convirtió en su ayudante y desde entonces cuando se arrepentía de en lo que se había convertido, le echaba las culpas a Selina por haberlo dejado ir.


 - Yo te intenté retener, pero tú no me escuchabas. Esto te lo buscaste tú solito por intentar superar al Dios de la Oscuridad,, ignorando mis advertencias. -dijo la anciana con autoridad-. 
 - Tienes razón. Ahora me doy cuenta de lo que en verdad pasó. 
 - Para volver a ser quien eras solo debes tomar la flor que se encuentra en la montaña más alta del Bosque Encantado. 
 -  Pero, ¡eso sólo puede conseguirlo la Elegida!. -dijo el Hombre del Bosque.-
        - Y esa elegida es Marta. Está aquí en el Bosque Encantado.


En ese momento apareció Marta con unos cuentos de Guardianes Verdes agarrados del brazo.
Pronto le impusieron su misión, y emprendió su camino. Después de unos cuantos de días escalando, llegó a la cima. Y allí estaba la flor intacta. Nadie había estado allí antes.
Arrancó la flor y bajó deslizándose por la ladera.
El Hombre del Bosque se tomó la flor y volvió a estar fuera del poder del Dios de la Oscuridad. Los Guardianes Verdes se convirtieron en buenos guardianes que protegían el bosque de la llegada del Dios de la Oscuridad. Con los poderes que obtuvo Marta de recompensa salvaron la Naturaleza, y todo volvió a ser exactamente como antes. Le dieron las gracias Marta por su ayuda y la llevaron al mundo humano. Durante su viaje, nadie la echó de menos, ya que aunque había estado una semana fuera, en el mundo humano sólo había pasado una hora.
 Ahora Marta debía de guardar el gran secreto del bosque.

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