Chaves

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"Andar y contar es mi oficio"

domingo, 17 de mayo de 2015

Lecturas de Laura Morillo (3ºD)

Día del libro en el IES Chaves Nogales: MOMO

El pasado día 6 de mayo celebramos el Día del libro. Entre las actividades propuestas, teníamos que traer un libro que nos hubiera gustado especialmente.

Yo he escogido mi libro sencillamente porque es de mis favoritos. Tanto que, si soy sincera, no me acuerdo muy bien de qué va. Aunque supongo que debió de ser muy bueno si al llegar a la estantería es el que he escogido. Recuerdo que me lo regaló mi tía, por mi octavo cumpleaños. Así que quizás sea un libro poco acorde con la edad que tengo ahora. Pero qué más da, si es de Michael Ende y es bonito. Porque es bonito. Aunque sólo recuerde que va del tiempo. Y de lo que realmente vale la pena.

Mi adoración hacia Michael Ende comenzó cuando leí La historia interminable: después no paraba de buscar más libros del mismo autor. Y, de tanto buscar el libro, al final me llegó. Me llegó como llegan las buenas noticias. No sé, quizás él también me buscaba y simplemente fue más rápido.

Lo que mejor recuerdo de Momo es lo que viví mientras lo leía. El mundo real que transcurría paralelo al libro. Las páginas que pasaban paralelas a una historia, que pronto cruzó en perpendicular y de lleno con la mía propia. Porque si te acuerdas de lo que pasaba mientras leías un libro es porque te acordabas del libro mientras te pasaba. Y este libro va acompañado de momentos: de un viaje, de una huida, de una anticipada despedida que no se presentó como tal, de un bungaló, de sueños posteriores. Y, sobre todo, Momo va de la mano del último disco que había salido de Coldplay en ese momento.

Y quizás eso sea lo mejor de los libros. Que cuando lo mire no haga falta que me acuerde de qué va para saber que ha sido de los mejores que he leído. Con acordarme de lo que pasaba mientras lo leía, quizás sea suficiente. Con recordar lo que sentía seguramente sea suficiente. Un libro del que, si digo la verdad, sólo recuerdo que la tortuga de la chica se llama Casiopea, y que trata de las cosas que de verdad valen la pena, de la forma en la que invertimos un tiempo.
Porque, sí, leyendo este libro aprendí lo que de verdad vale la pena.
Pero no entre sus páginas, no gracias a él.
Con él bajo el brazo, y aprendiendo conmigo.



Las dos caras de la lectura 

Hay mil y una formas de arruinar la lectura. Y también hay mil y una formas de fomentarla. Para mí la mejor forma para hacer leer a alguien es juntarlo con un lector. Aunque esto sólo sucede con las lecturas actuales. 
Las lecturas antiguas dan la sensación de ser aburridas. No las entendemos, nos hablan de temas que a simple vista nos aburren, nos meten historia, y, sobretodo, problemas mucho más lejos de nuestra realidad. Da igual si el protagonista no tiene nada que ver contigo, o si el libro está ambientado en un país paralelo. No nos gusta El Cantar de Mío Cid, aparte de por lo inentedible y tedioso que es, también porque no nos interesa conquistar tierras y conseguir el perdón del rey. Hay demasiados libros actuales con protagonistas rebeldes, alguien que sigue tan a rajatabla lo que le ordenan está tan fuera de lugar como el vocabulario usado en el Cid. 
Aún así, mantengo que obligar la lectura de un libro, no hace más que quitar las ganas de leerlo y aplazar cada vez más su lectura. Además de fastidiarle la posibilidad de descubrir el mundo de los libros que lees porque te apetece, porque te lo han recomendado o porque tus amigos te han hablado tanto de él que para no quedarte rezagado y/o apartado de la conversación, decides leerlo, para poder unirte. Aunque siempre que pasa ésto llega un estúpido y te cuenta quién muere en el último libro de la saga, aunque no puedes culparlo. En realidad un spoiler es una gran prueba de fuego al lector. Dónde se ve qué libro de verdad interesa (tan es así que las muertes de libros que más me han afligido, eran justo las que ya sabía). 
Cuando lees un libro coñazo, no te enfada el spoiler, al revés, agradecido, ya sabes lo que pasa en un capítulo que no pensabas leerte.
Aunque, si hay que leer obligatoriamente, mejor empezar por lo que no gusta. Estoy a favor del órden cronológico seguido en las materias con historia, ya que así empezamos por lo malo, pero con la ilusión de que antes se dé, antes vendrán cosas más actuales, problemas que nos recuerden a los nuestros y personajes con los que identificarnos.
(artículo incluido en el periódico del Chaves Nogales)


La ladrona de libros, de Markus Zusak

’La ladrona de libros’’ está ambientado en la Alemania nazi. La protagonista, que se llama Liesel, cuando tiene 11 años pierde a su hermano. La madre la envía a vivir con dos alemanes por un motivo que todavía no han desvelado en el libro. En el entierro de su hermano, al aprendiz de sepultador se le cayó un libro, y Liesel lo recogió.

 Sus nuevos padres se llaman Hans y Rosa Hubermann. Rosa lava y plancha a domicilio, mientras Hans toca el acordeón y pinta casas. Rosa es dura con ella, pero Hans no. De hecho, es Hans quien le enseña a leer. Cuando Liesel se despierta de las pesadillas que tiene (normalmente sobre su hermano), acude a Hans, y juntos bajan al sótano a leer. Poco a poco, Liesel aprende a leer.

 Liesel vuelve a robar un libro el día del cumpleaños de Hitler; lo roba de entre los escombros de una fogata que se hizo con cosas de judíos, por lo que lo coge con cuidado de que nadie le vea.

 Liesel se hace amiga de gente del barrio y poco a poco se acopla a su nueva vida. Su mejor amigo se llama Rudy. Rudy le acompaña incluso cuando la madre de Liesel le pide a ella que vaya a las casa a lavar la colada.

 Una de las veces que va a la casa del alcalde, le abre la mujer del mismo, y le invita a pasar. Le enseña una habitación llena de libros, lo que impresiona a Liesel realmente. Esto pasa en repetidas ocasiones.

 Hay una parte del libro donde hace un gran flashback donde cuenta la historia de Hans en la Primera Guerra Mundial, donde hace un amigo al que le dice que le debe un gran favor, ya que le salvó la vida. Ese favor llega cuando empieza la Segunda Guerra Mundial, ya que su amigo pertenecía a una familia judía, y el hijo del hombre (el cual murió) necesitaba una casa donde esconderse.

 Al principio el hombre y Liesel no hablaban y tenían una relación distante. Después descubren que tienen en común las pesadillas, y a raíz de eso establecen una bonita amistad.

Sin duda, lo mejor del libro es que está narrado por la misma muerte. También es destacable lo bien escrito que está y la enorme cantidad de adjetivos que usa. SÍ que es cierto que personalmente no me ha enganchado demasiado, y que no es un libro que me haya dado ganas de seguir y seguir leyendo, ya que a veces expresa las cosas dándoles varias vueltas, lo cual es precioso aunque a veces se puede hacer un poco pesado. También es un libro con personajes con mil y un detalles. Yo destacaría a Hans, al que describe en numerosas ocasiones como el de la voz de plata líquida, por como ayuda a Liesel y como tiene que luchar contra sus propios ideales. Y Max es realmente maravilloso, un humano que teme a los humanos, que se fascina al topar con una familia con una humanidad extrema. 

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